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  • Foto del escritorJosé Daniel Navarro

Rumbo hacia los desconocidos Montes Torozos

Todos tenemos en la mente la imagen de una provincia de Valladolid eminentemente llana. Desde los extensos arenales cubiertos de pinos de su mitad sur hasta las extensas planicies terracampinas de su sector norte, pasando por los viñedos cercanos a Peñafiel y los valles de los ríos Pisuerga, Duero y Esgueva. Todos los tonos de verde se dan cita en estos paisajes, especialmente en primavera.


Iglesia de San Pedro. Tordesillas.

Pero existe en el centro de esta provincia una zona más alta, a veces llana, a veces encrespada, con pequeños pueblos de piedra y tapial. Pueblos con castillos que defendieron valles, rutas. Pueblos encaramados a un alcor o encajonados junto al exiguo caudal de un riachuelo. Viejos monasterios. Extensiones de cereal, de girasol, de encinar. Es la comarca de los Torozos.



1ª Parada: Wamba o los recuerdos de un rey visigodo


Empezamos nuestro recorrido en Wamba, localidad cercana a Valladolid, de curioso nombre. Así se llamaba un rey visigodo que según algunas crónicas tomó aquí el relevo (muy a su pesar) de su sucesor, Recesvinto, muerto en este lugar. Todavía faltarían unos siglos, tres en concreto, para que la iglesia que vamos a visitar alzase sus muros de piedra blanca. Su construcción primitiva se debe a Fruminio, obispo que la consagra a Santa María. Es un edificio curioso, puesto que su primitiva fábrica del siglo X todavía se conserva envuelta en un cascarón románico de finales del XII, época de la que data la portada principal del templo. Por aquellos entonces, Wamba era una encomienda de los caballeros hospitalario de San Juan.



Portada románica de la iglesia de Santa María de Wamba (Valladolid). Tres arquivoltas sostenidas por columnas adosadas. Con tejaroz y ventana circular abocinada.
Wamba. Iglesia de Santa María. Portada románica.

"Su construcción primitiva se debe a Fruminio, obispo que la consagra a Santa María"


El interior, guarda, como hemos dicho, la primitiva estructura mozárabe, además de algún que otro sepulcro, restos de pinturas murales y la famosa y siniestra Capilla del Osario.



2ª Parada: Torrelobatón. Un bastión comunero


Apenas diez minutos en coche separan Wamba de nuestro próximo destino: Torrelobatón. Enseguida reconoceremos la poderosa silueta de una fortaleza característica de la Escuela de Valladolid, con planta cuadrangular y torre del Homenaje en uno de sus ángulos. La iglesia de Santa María es el segundo hito de referencia, mermado por la caída de su torre allá por 1970.





La impresión de sencillez y austeridad del templo mayor de Torrelobatón se desvanece al cruzar el umbral de su puerta. Dos alargados arcos diafragmáticos rebajados recorren toda su longitud, dividiendo el espacio en tres naves, cubiertas con bóvedas tabicadas con adornos en yeso. Un retablo mayor clasicista cierra la cabecera, mientras que a ambos lados se disponen dos más sencillos, barrocos. Órgano y rejería completan su ajuar artístico.



3ª Parada: San Cebrián de Mazote. Memoria mozárabe


Torrecilla de la Torre y Barruelo del Valle nos salen al paso en los escasos doce kilómetros que nos faltan hasta nuestra próxima escala: San Cebrián de Mazote. Seguro que nos suena este templo de haberlo estudiado en nuestros años escolares, puesto que es uno de los ejemplares mozárabes más característicos de la mitad norte peninsular.



Iglesia mozárabe de San Cebrián de Mazote. Con nave triple, cúpula sobre el crucero, doble ábside y espadaña.
San Cebrián de Mazote. Exterior de la iglesia.




Perteneció el edificio a un monasterio fundado en el año 916 por el abad Martín, al parecer huido de tierras cordobesas y acompañado de un grupo formado por otros religiosos como él. La iglesia presenta tres naves que reutiliza antiguos capiteles (algunos trepanados) y columnas de mármol. Los arcos de herradura nos hablan de la arquitectura cordobesa, inspirada a su vez en la anterior visigoda. Curioso es también el segundo ábside, a los pies, similar al hoy utilizado como capilla mayor e imprescindible para la celebración de la liturgia visigoda.



4ª Parada: Mota del Marqués. El renacer de la ruina


Mota del Marqués se aposta a una orilla de la carretera general. Un ruinoso castillo, de planta circular, domina el paisaje en varios kilómetros a la redonda. La ruina -consolidada- de la iglesia del Salvador exhibe su blancura pétrea a media ladera. Ya en el pueblo nos encontramos con un templo airoso, renacentista, dicen que proyectado por Rodrigo Gil de Hontañón: San Martín.


Iglesia de San Martín en Mota del Marqués (Valladolid). Vista desde el castillo con los campos en primavera en día cubierto.
Mota del Marqués. Iglesia de San Martín

En el interior, la vista se eleva de repente, sin poder evitarlo, a las bóvedas de nervios combados que cubren sus tres naves, dispuestas en planta de salón. Cuatro robustos pilares soportan la equilibrada estructura, que acoge en su interior valiosos retablos en proceso de restauración. El principal de ellos, de principios del XVII, narra pasajes de la vida del titular del templo y se debe al oficio de Esteban de Rueda y Sebastión de Ucete.






5ª Parada: Tordesillas. Esplendor barroco de un cruce de caminos


Finalizamos nuestro recorrido en Tordesillas. Villa cruce de caminos, a la orilla del Duero, aguas abajo de su confluencia con el Pisuerga. Destacado patrimonio nos ofrece este enclave, codiciado, querido y patrocinado por varios monarcas desde la Baja Edad Media. El Monasterio de Santa Clara, antiguo palacio de Pedro I, la iglesia de San Antolín con su capilla de los Alderete o las Casas del Tratado, donde se ha querido situar la firma del famoso tratado firmado en 1494 y que repartiría el Nuevo Mundo entre Castilla y Portugal.



Vista panorámica de Tordesillas con la torre de la iglesia de San Pedro.
Tordesillas. Iglesia de San Pedro.


"Duran las cosas sencillas su vivir triste y honrado, dura el paso sosegado del Duero por Tordesillas" Luis Rosales

Si de iglesias hablamos, nos hemos de detener en los dos templos principales de Tordesillas, Santa María y San Pedro. De Santa María destaca su torre, de sillería, rematada con linterna. El interior, de traza goticista y evolución clasicista (su construcción se prolongó durante tres siglos, del XVI al XVIII), presenta una sola nave y capillas laterales entre los contrafuertes. El retablo mayor, en tres cuerpos y tres calles, fue contratado en 1655 y muestra una imagen de la titular del templo, la Asunción. Un órgano del XVIII y una sillería coral en madera noble completan su patrimonio.





La iglesia de San Pedro tiene tres naves cerradas por bóvedas de crucería. Se levanta en el siglo XVI. Al exterior llama la atención su torre, de planta rectangular y con cuerpos bajos en piedra. Los superiores se ejecutan en ladrillo y van cubiertos por chapiteles. En su interior destaca la capilla de los Gaitán, barroca, cubierta con cúpula sobre pechinas. Un retablo mayor barroco, con columnas salomónicas, reviste la cabecera. Mención especial merece el órgano, colocado sobre tribuna, fabricado por Manuel Benito Gómez en 1714.





Y aquí concluye nuestra ruta por los Torozos vallisoletanos. Te adjuntamos el mapa de la misma. ¡Hazla y nos cuentas!





Rutas del programa


Te recordamos que la Consejería de Cultura, Turismo y Deporte de la Junta de Castilla y León, ha puesto en marcha el Programa de Apertura de monumentos 2023, estructurado en diecisiete programas temáticos que te estamos desgranando mediante rutas a lo largo de estas semanas estivales.


El horario de los monumentos, entre los que se incluyen las iglesias aquí descritas, es de 11:00 a 13:30 y de 17:00 a 20:00 horas, salvo lunes, hasta el próximo 10 de septiembre.


249114-Apertura de monumentos en Castilla y León - Verano 2023
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