• Daniel González

Mojados, pueblo en esencia

Si tenemos que reunir  en una característica al sur de Valladolid, son los pinares. Esos bosques pinariegos que rompen con la estética propia de la meseta más profunda, de páramos, llanuras y valles. Unos de los pueblos que podemos encontrar en la conocida Tierra de Pinares es Mojados, situado entre Valladolid capital y la villa de Olmedo.

Iglesia de San Juan de Mojados
Iglesia de San Juan de Mojados

Agraciado con este paisaje boscoso y debido a su cercanía con la ciudad de Valladolid, Mojados ha experimentado un crecimiento desde la segunda mitad del siglo XX hasta ahora. Cuenta con algo más de 3000 habitantes en la actualidad entre el pueblo y las urbanizaciones cercanas de las que se nutre.

Concentrándonos en el casco antiguo, Mojados fue villa realenga al recibir su primer fuero en 1176.


Cuenta con un amplio conjunto artístico, caracterizado por el estilo mudéjar de su pareja de iglesias, la de Santa María y la De san Juan, ambas muy parecidas entre sí construidas en ladrillo y mampostería

La localidad se levanta a las orilla del río Cega, afluente del Duero y lo atraviesa a partir de un puente construido en piedra del siglo XVI, que cuenta con seis arcos en total. A todo ello, le sumamos otros dos edificios palaciegos: el Ayuntamiento y la Casa del Conde de la Patilla del siglo XVI.


Puente sobre el río Cega de Mojados
Puente del siglo XVI sobre el río Cega

Mojados además cuenta con otro edificio, el Palacio Episcopal que fue sede del Obispo de Segovia desde el siglo XII hasta que Mojados pasó a formar parte de la provincia y Diócesis de Valladolid en el siglo XIX. Hoy es el auditorio municipal, donde se realizan eventos culturales variados.


Iglesia de Santa María de Mojados
Iglesia de Santa María de Mojados

Cuando se pretende definir la palabra pueblo, ha de sumarse población, tradición, cultura, patrimonio y naturaleza. A medida que transcurre el tiempo ese pueblo tiene dos alternativas: cambiar para seguir o aprovechar su definición para ofrecer todo aquello que se busca. A veces estas se entremezclan, en otras no hay alternativa porque choca  con una realidad destructiva que no deja respirar y apaga el latido de la vida. En cada viaje del equipo de “Valladolid, de pueblo en pueblo” hemos observado ruinas, ruinas potenciales, pueblos con latidos, lugares que intentan aprovecharse e insisten en no desistir y que reúnen todas las definiciones de la palabra y que las hacen inseparables.


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