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Paco Larita, el otro Archivo de Simancas

Ya se van a cumplir cinco años desde que publiqué este reportaje en la  revista “Linde y Ribera”, posteriormente La caza y su mundo en Castilla  y León” que yo dirigí. Paco fue mi primera portada y “Paco larita” sigue cazando…. Pasado  mañana, día 15, los cazadores regionales volvemos al campo y Paco ahí  estará al amanecer con su escopeta al hombro, como lleva haciendo desde  que tenía 16 años. Genio y figura, larga vida Paco, y buena caza…


Paco Larita en el castillo de Simancas
Paco Larita en el castillo de Simancas

Este veteranísimo cazador vallisoletano aún se mantiene en forma para  bregar domingo tras domingo tras las distintas especies de caza. Cazaré  hasta que me muera, sentencia la fina escopeta simanquina, toda una  leyenda andante, muy andante, de los pagos del alfoz vallisoletano. Con 82 años de edad este incombustible cazador de Simancas, conserva  una privilegiada memoria, unas piernas envidiables y aguarda al día de  la Virgen de Agosto para inaugurar otra temporada de caza mas, que de  forma continua, hará la número 65 en su carrera como cazador con  mayúsculas.



DE PROFESIÓN, CAZADOR


Pocos cazadores se habrán ganado un lugar en la historia cinegética  regional como este chaval que espera con impaciencia salir a cazar el  próximo día 15 de agosto a por las primeras codornices de la temporada,  que volverá a levantar a pisotón, ya que no lleva perro, para luego,  buscar a la torcaz faldeando las laderas con toda la calorina y cuando  la mayor de las palomas se crea a salvo sesteando a la sombra de los  pinos. Paco Larita no trabajó nunca en un empleo estable, “pero nunca he  parado, coño… ¡¡¡, recuerda el protagonista. Entonces se cazaba hasta 123 días por temporada y este bravo cazador,  si tenía algún empleo cuando se levantaba la veda lo abandonaba para  dedicarse a cazar. El conejo era su especie favorita y después la  perdiz, aunque finalmente se decantó por la patirroja, llegando a  apiolar alguna temporada, como el año 1956, más de 600 perdices que  posteriormente vendía a sus compromisos.


“Con la caza ganaba mas dinero que trabajando y además me gustaba  infinitamente mas salir a cazar con mi escopeta, – una Jabalí y  posteriormente una AYA.-, antes que estar trabajando para nadie, ya que  en el campo mandaba yo. He pasado miles de horas cazando y he cobrado  mucha caza. He llegado a fundir dos escopetas repetidoras FN y cacé con  todos los calibres. Cuando llegó la repetidora fue otro mundo. Llegue a  realizar en varias ocasiones varios tripletes de perdices pero claro,  había muchas mas que ahora y éramos cuatro cazadores. Por supuesto que  ahora me da pena recordar la caza que abatí, pero ésa era mi profesión y  siempre cacé de legal. Solamente tuve una denuncia en mi vida, en 1972,  y fue por olvidarme la licencia en casa. Me costó el disgusto y entre  multa y el juicio, casi 1.100 pesetas de las de entonces. Ese año vendía  una perdiz a 30 pesetas así que la multa la pagaron 36 perdices que me  costaron un triunfo, pues aquel año no hubo tantas. En defensa de la  Guardia Civil, con la que siempre me llevé bien, tengo que reconocer que  luego el guardia que me sancionó me pidió perdón por haberme denunciado.  Le admití sus disculpas pues creo que cumplió con su trabajo, pero podía  haber sido algo mas condescendiente conmigo que me levantó 220 duros….”  recuerda el cazador mientras lía un cigarrillo de caldo.


CAZAR EN ALPARGATAS, O SIN ELLAS


Una de las anécdotas que recuerda Paco Larita fue durante una jornada  de caza que le sucedió en octubre del año 1960, en el pago de La  Colorada, en la vecina localidad de Geria. ” Todavía vive el señor Tino, el pastor, que es testigo. Me lo encontré cazando aquel día al mediodía y me preguntó que cómo es que llevaba solo dos perdices al cinto, cuando le habían comentado que yo era muy  valiente y muy buen cazador. Le contesté que todos los días no se daban  igual y que además se me habían roto las alpargatas de pelotari con las  que había salido de caza. Yo le iba a pedir algún cordel para podérmelas atar para poder llegar calzado a mi pueblo, que está a cinco kilómetros.  En esto se puso a cantar una perdiz en la ladera y me quedé escuchando  cómo me desafiaba. Ahí la tienes, me dijo el pastor, lástima lo de las alpargatas. No me lo pensé un segundo, subí ladera arriba descalzo a por ella y  cuando bajé al rato había matado otras diez perdices más. He roto mucho  calzado y cacé muchas veces con lo pies desnudos. Un día una persona dijo en televisión que los cazadores contábamos mentiras. Ahí están los  testigos. Lo cuento como anécdota, pero también tuve muchas jornadas de fracasos y también las he contado.”.



DE MIS CARTUCHOS ME FÍO


Paco siempre se cargó sus cartuchos. Tiene todos los útiles para  recargar cartuchos en todos los calibres. También en los años de penuria se hacía los perdigones de plomo para los cartuchos. A veces me salían  “fideos” en vez de perdigones pero luego los cortaba con las tenazas y  los arreglaba. Me gusta hacerme mi propia munición. Me entretengo, sé lo que tiro y me fío más. Yo he comprado miles de cartuchos de fábrica de  todas las marcas, pero los corto, los desarmo y me los fabrico a mi  gusto según sean mis necesidades. Aún guardo algún cartucho y también  algo de pólvora de marcas ya desaparecidas, como la pólvora de la  Sociedad Española de Armas y Municiones, S.E.A.M., que absorbió la Unión Española de Explosivos en 1.947. Por guardar, Paco Larita conserva en su memoria hasta el número de la  cédula que le expidió el Gobernador Civil en 1942 cuando comenzó a  cazar. “ Entonces no había licencia. Se cazaba con una cédula que te expedía  el Gobernador Civíl, siempre que los informes que a él le llegaran fueran buenos, claro. Mi cédula era de Clase 16, número 136.502. Ya ha  llovido lo suyo, pero mientras tenga cartuchos, escopeta y un paquete de  tabaco de picadura para liarme mis cigarros, seguiré saliendo a cazar y si me canso- dice Paco Larita-, me siento, que no tengo que hacer otra  cosa”. Genio y figura.