• Rebeca Díez

La torre del telégrafo óptico de Adanero, fiel testigo de las comunicaciones en el siglo XIX

A mediados del siglo XIX, se implementó en España un sistema de comunicación que supuso en su momento toda una revolución, pero que se quedó obsoleto a los pocos años de inaugurarse y hoy ha caído en el olvido: el telégrafo óptico. En la actualidad poco o nada queda de la original red de telegrafía óptica salvo algunas de las torres en las que se emplazaron los telégrafos.

Torre del telégrafo óptico en Adanero.
Torre del telégrafo óptico en Adanero. Foto cedida a EnPueblo.

Una de las torres que todavía queda en pie, gracias a una restauración llevada a cabo en 2005 por una conocida empresa española de telefonía móvil, es la torre número 11 de la línea Madrid-Irún ubicada en Adanero. Esta localidad morañega está situada en las inmediaciones de la autopista A-6, junto a la frontera provincial de Segovia y a tan solo 38 kilómetros de Ávila capital en un magnífico nudo de comunicaciones. Mediante la colocación de un telégrafo en la parte superior de la torre se recuperó el aspecto original que tenía a mediados del siglo XIX.


¿Cómo funcionaba el telégrafo óptico?


La red de telegrafía óptica se implantó en nuestro país en 1846 con la construcción de tres líneas: la de Castilla (entre Madrid y la frontera francesa de Irún), la de Andalucía (Madrid-Cádiz) y la de Cataluña (Madrid-La Junquera). La comunicación se hacía posible mediante una red de torres en cuya parte superior había unos controles que se podían mover para formar figuras, que se iban copiando de estación en estación a lo largo de una línea. Cuando la primera estación quería emitir un mensaje, ponía su señal en posición de atención y la segunda debía confirmar que estaba lista con la señal de preparada.


A partir de ese momento, la primera torre empezaba a enviar el mensaje, haciendo uno a uno los signos que la segunda debía ir replicando para que los copiase una tercera y así sucesivamente.

Como curiosidad, los telegrafistas que trabajaban en cada torre no sabían el mensaje que estaban transmitiendo: el código de unos 100 signos que permitía saber a qué letra o concepto correspondía cada uno solo lo conocían el emisor y el receptor final. Apenas diez años después ya estaba en funcionamiento la telegrafía eléctrica, mucho más rápida y fiable, ya que podía funcionar incluso de noche o con mal tiempo. De esta forma, las líneas de telégrafo óptico se fueron abandonando hasta nuestros días, cuando apenas quedan unas pocas torres en pie que recuerdan la existencia de este primitivo sistema de comunicación que fue en su día la manera más rápida de transmitir un mensaje.


Qué ver en Adanero


A pesar de su población actual con poco más de 200 habitantes, Adanero muestra un pasado pujante en su patrimonio arquitectónico, en edificios de estilo neomudéjar como el ayuntamiento, el palacio de los Condes de Adanero y la iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. Esta última está declarada Bien de Interés Cultural con categoría de monumento y se aprecian diferentes estilos arquitectónicos (románico-mudéjar, renacentista y barroco). De su interior destacan los enormes arcos de granito que separan y sujetan las naves permitiendo una vista panorámica. La iglesia alberga también en su interior espectaculares artesonados en las naves, un órgano barroco y un cuadro de Murillo (la Virgen, el Niño y Santa Ana).


Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora.
Iglesia parroquial de la Asunción de Nuestra Señora. Foto: EnPueblo.

El Palacio o mansión de los Condes de Adanero fue construido posiblemente a finales del siglo XVII. Merece la pena contemplar la magnífica portada labrada en piedra granítica, con el escudo tallado en piedra caliza que pertenece al apellido Núñez de Prado que llevaron los dos primeros Condes de Adanero. A las afueras del municipio se encuentra el lavajo de San Antón que da posada a colonias de azulones y otros tipos de ánades y sirve de parada a varias especies migratorias.


Lavajo de San Antón.
Lavajo de San Antón. Foto: EnPueblo.

Allí, el tiempo que mide el reloj de Adanero instalado en la torre del Ayuntamiento, parece detenerse.

Y sin embargo los segundos, los minutos y las horas van pasando en este municipio que presume orgulloso de contar con un tesoro que rige el tiempo. Se trata de una pieza creada por el relojero de la Real Casa allá por el año 1.800, Canseco, y cuenta con dos partes: sonería y marcha, es decir su mecanismo de funcionamiento y sus campanas.


Reloj de Adanero ubicado en el Ayuntamiento.
Reloj de Adanero ubicado en el Ayuntamiento. Foto: EnPueblo

Se trata de un reloj histórico por sus características de fabricación y fue patentado y fabricado por españoles y franceses. Fabricado en hierro dulce, bronce y latón, su sistema es de horas y medias. Así, el reloj de Adanero da las horas en punto con sus características campanadas, que repite al cabo de los dos minutos y además, da las medias una sola vez.