• Pilar Martínez

La rubia, la desconocida planta que da nombre a pueblos, barrios y plazas

Si decimos, así de pronto, “la rubia”, nos puede llevar a pensar en una mujer de cabello dorado o incluso una cerveza, pero en esta ocasión el sentido tiene que ver con una curiosa planta que crece de manera silvestre y cuyo uso tuvo vital importancia en otro tiempo.


Planta de la rubia
Planta de la rubia

La rubia, tan antigua como valiosa


Su nombre científico es Rubia Tinctorum, y tiene efectos terapéuticos y medicinales, pero su particularidad más singular es que, desde muy antiguo, de la raíz y el tallo de esta planta se extraía un tinte rojo que se utilizaba para teñir tejidos. Ha sido muy valorada precisamente por este motivo entre el mundo de las plantas tintóreas porque el color rojo, junto con el purpura, son colores muy difíciles de obtener de la naturaleza. A lo largo de la historia y en diferentes lugares del mundo, el rojo ha sido un color imprescindible.


En La India se utilizaba para teñir algodón; en Europa y concretamente en Francia para obtener el tono rojo utilizado en los pantalones de sus soldados. En algunas civilizaciones como la Egipcia, este color se utilizaba con fines funerarios y en la Antigua Grecia acostumbraban a teñir su calzado y su vestimenta con colores rojos, amarillos o blancos, simbolizando serenidad, divinidad, sabiduría…


Tan popular como productiva


En Castilla y León se la conoce también como “granza”, “ royuela” o “ rubia de tintes” y tuvo mucho auge entre los siglos XVIII y XIX. Concretamente en Segovia, según el escritor y viajero Eugenio Larruga se recogían alrededor de 15.000 arrobas de rubia cuyas raíces eran extraídas manualmente con azadón. La canción “ 25 pueblecillos” que canta el Nuevo Mester de Juglaría, hace alusión en una de sus estrofas a esta faena de campo, "En Mojados cavadores, sacan la rubia con brío…"


Sin embargo, no acababa ahí la tarea; una vez extraída con “ brío “ a golpe de azadón la rojiza raíz, se secaban al sol o en hornos, para después ser pulverizadas en molinos de piedra, llamados tahonas. De ahí salía ya el tinte en polvo que se utilizaría para teñir la lana y el paño incluso a nivel industrial.


Crecimiento silvestre de la rubia en Cuéllar
Crecimiento silvestre de la rubia en Cuéllar


¿Dónde se cultivaba?


Andrés Laguna, segoviano y científico del siglo XVI, en su obra maestra sobre la botánica “Dioscórides de Laguna”, habla de esta planta y pone de ejemplo a la provincia de Segovia de la que dice, según sus palabras, tiene un gran caudal de ella. Pueblos como San Cristóbal de Cuéllar, La Fresneda, Chañe, Cuéllar, Vallelado… en la provincia de Segovia dan fe de ello. Pero no es la única provincia, Alcazarén, Íscar, Aldeamayor de San Martín, Mojados…en la provincia de Valladolid; La Rubia en Soria, Zacos y Arenillas de Valderaduey en León o el pueblo de Villasrubias en la provincia de Salamanca, en cuyo escudo figura la flor de la rubia.


Escudo de Villasrubias en Salamanca
Escudo de Villasrubias con la flor de la rubia

Con nombre propio


Existen topónimos que toman la rubia como nombre dando testimonio de su importancia en otro tiempo. En Valladolid capital existe el barrio de la rubia. En cuanto a plazas con dicho nombre existen en Segovia capital, en Navalmanzano, Collado Hermoso, Aldea Real… En resumen, cuando tantos lugares nombran a esta planta y le rinden homenaje en las placas de calles, plazas, barrios y pueblos, no hay duda que tuvo su protagonismo e importancia en esto que hacemos llamar usos, oficios y costumbres de los pueblos.


Hoy la rubia, a pesar de dar nombre propio a todos esos lugares a los que dio riqueza y modo de vida, a pesar de haber dado a la historia su tinte de color, crece en cunetas, al abrigo de tapias, en patios incluso, pues sus raíces son vigorosas y rebrotan en primavera con el empeño propio de plantas fuertes que se resisten a desaparecer, o en el peor de los casos, a ser olvidadas cuando de tanto sirvieron en otro tiempo.