• Jorge Urdiales

El tío Alfredo, de ruta con Delibes: Villabrágima

5 pueblos le quedan a mi tío Alfredo para acabarse las Rutas de Delibes (sin contar Villabrágima). Quizá otra gente se haya recorrido ya todos estos pueblos, 33 en total. Mi tío Alfredo va a su ritmo. A veces las enfermedades le sumen en un parón demasiado prolongado. Otras, como ahora, se ve con nuevos bríos y siente la necesidad de rematar la faena. Se ha propuesto visitar estos últimos 6 pueblos (con Villabrágima) antes de la fiesta de la Virgen del Pilar, allá para el 12 de octubre. De momento me ha contado que se pasó por Villabrágima a principios de julio, o sea que si este artículo lleva cierto retraso es culpa del que esto escribe.


Arco en Villabrágima.
Villabrágima. Foto: EnPueblo.

Me ha contado mi tío Alfredo muchas cosas. La primera es que Villabrágima no es uno de los pueblos estrella de las obras de Miguel Delibes. Aparece, sí, pero poco. Lo bueno es que lo leemos en uno de los libros clave del Delibes cazador: El último coto. Con fecha 30-XII-91, relataba Delibes lo siguiente:


Nos despedimos del año –y de la temporada y, tal vez, de la caza- en el monte Curto. Fue una feliz decisión porque el encinar de Villabrágima, después de las jornadas tristísimas de El Bibre, nos pareció casi, casi el paraíso. Al menos era un arcabuco vivo. Todo el monte pregonaba la existencia de animales: huras sobadas, camas, juguetes, cagarruteros, hierbas despuntadas, revolcaderos… y, de pronto, el conejo mismo brincando y corriendo desalado hacia el bardo.

Y al leer el texto le venía a mi tío a la memoria la comparación de Villabrágima con esos futbolistas brasileños de mucha calidad que muestran su magia a cuentagotas. Villabrágima aparece muy poco en Delibes pero cuando aparece… ¡El paraíso! Ni más ni menos que así lo definía el escritor.

Cagarrutero es el lugar donde hacen sus necesidades los conejos con cierto hábito. También llamado “majada”. Tanto las cagarrutas como el orín de los conejos domésticos eran empleados por los labradores para abonar el campo

Y allá que se fue el bueno de mi tío Alfredo en busca del pájaro, la planta y la palabra que los señores que crearon estas rutas adjudicaron para Villabrágima: colorín, romero y cagarrutero. Mi tío los ha visto a los tres innumerables ocasiones pero le ilusionaba ver de nuevo romero y algún cagarrutero en el campo mientras cantaba un jilguero (que es como se llama oficialmente al colorín). Esta gente de los pueblos, y mi tío lo es, gusta de comprobar si eso que se escribe en los folletos de las rutas es cierto.


Texto de Miguel Delibes en el monolito en Villabrágima
Texto de Miguel Delibes en el monolito en Villabrágima Foto: Jorge Urdiales.

A primera hora de la mañana marcharon en coche Alfredo y su hijo Carlos, que hace algo más de un año ha vuelto junto a sus padres. Sin bajarse del coche, ya en el término de Villabrágima, sesteaban matas de romero en la parte de monte que hay pegada a la carretera. Aparcaron y salieron andando hacia las afueras del pueblo para poder ver las casas a distancia y para toparse con algún cagarrutero, que los había.


“Quédate con dos cosas -me comentó Alfredo-: con que este pueblo fue “Villa Máxima” romana, por eso su nombre, y que tiene más de 1.000 habitantes”. Casi no haría falta que siguiera escribiendo. En esta Castilla sedienta de población, que Villabrágima pase del millar de habitantes es un seguro de vida para las próximas décadas.


Iglesia de Villabrágima.
Iglesia de Villabrágima. Foto: EnPueblo.

Ya dentro del pueblo, Alfredo y Carlos pasaron por debajo de su puerta medieval. Las iglesias de Santa María y San Ginés estaban cerradas pero la vista exterior tenía su encanto. Se pararon junto a la "D" de las rutas y, al llegar a Casa Ursi, alojamiento rural que da comidas, le recordó Alfredo a su hijo Carlos que allí comió una vez Delibes unas alubias estofadas y dos pichones.


Yo no sé de dónde saca tanto dato sobre Delibes mi tío Alfredo, pero es un verdadero pozo que saca y saca sabiduría delibesiana sin fin. ¡Claro! Apenas usa el móvil y sigue leyendo a un ritmo exagerado.

A decir de mi tío Alfredo, que nació en un pueblo vallisoletano que hoy cuenta con 85 habitantes en invierno, estos pueblos de la provincia que pasan de 1.000 tienen otro empaque, otra consistencia.

Sé que Alfredo estuvo visitando hace pocos días Pedrosa del Rey y que ya solo le quedan 4 pueblos de estas rutas. Escribiré sobre ello antes de que se acabe el verano. La salud le está dando un respiro a mi tío, ya muy mayor. Quizá el tener en casa de nuevo a su hijo Carlos le está dando otros bríos. Ahora se recorren estos pueblos de las Rutas de Delibes juntos y creo que acabarán en las próximas semanas estos recorridos que empezó mi tío hace ya unos años.


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