• Rebeca Díez

Aniago, el despoblado que esconde la única cartuja de Valladolid

Deambular por tierras castellanas atañe aciagas sorpresas. Ruinas. Tantas y de cualquier condición: castillos, palacios, iglesias, monasterios y hasta pueblos enteros. De este último tipo es el despoblado de Aniago, a tan solo 20 kilómetros de la ciudad de Valladolid. Un pueblo que dejó de serlo hace décadas, para convertirse en un recuerdo, donde cada año, cada piedra, tejado o ladrillo caído es una puñalada. Especialmente para su mayor legado: la cartuja de Nuestra Señora de Aniago.

Restos del Monasterio de Aniago
Ruinas de la cartuja de Aniago

Si sigues la senda verde dejada por el río Duero al sur de la capital del Pisuerga, llegarás a Aniago. Un cartel con su nombre te dará la bienvenida, como una lápida que señala la vida que un día tuvo. No era un municipio muy grande y pocas construcciones han perdurado intactas. De hecho, sin este cartel, sería difícil imaginarse un pueblo como lo concebimos tradicionalmente. Pero, existe una resultona espadaña de una cartuja que te invita a adentrarte en sus imaginarias calles.


Cartel de entrada a Aniago
Cartel de entrada a Aniago

Los lugares abandonados personifican, de un modo duro y bello al mismo tiempo, el paso del tiempo. Son escenarios que deben ser recorridos en silencio, para poder imaginar todo aquello que pudo haber sido y no fue. Lamentando lo inexorable y preguntándonos el porqué.


¿Por qué orgullosa Castilla dejaste de serlo para sin grito alguno permitir desgastar tu legado? ¿Porqué nadie hace nada? Y, mientras la cartuja de Aniago sigue esperando respuesta, sus muros de piedra resisten bajo el peso de los años y de los nidos de cigüeña.


Cartuja de Aniago
Dependencias de la cartuja

Fotografías para reavivar la memoria de sus antiguos vecinos


Echen la vista atrás, hasta los años 60. Natividad y Ramón llegaban con sus diez hijos a Aniago. Y como la de ellos, es la historia de otras quince familias que compartieron, por aquellos años, penurias y miserias. La tónica de aquella época. Con los ojos iluminados, Ángeles, que por aquel entonces era apenas una niña, contempla las fotografías de lo que hoy es Aniago; el pueblo en el que creció junto con sus hermanos durante unos años de su vida. Quizás, las imágenes atrapadas por una cámara fotográfica, medio siglo después, no sirvan para reflejar lo que un día fue. Con ellas, simplemente se pueden reavivar los recuerdos ocultos en un viejo baúl.


Interior de la Cartuja de Nuestra Señora de Aniago
Interior de la Cartuja de Nuestra Señora de Aniago

Respiró hondo y siguió hablando, al mismo tiempo que las fotografías se iban sucediendo. Y así nos cuenta cómo era la vida en Aniago. “Mucha gente se veía obligada a acudir a Valladolid andando. ¿Autobús? Claro que había. Pero muchos no nos lo podíamos permitir”. Ángeles nos contaba que cada día llegaba un autobús al comienzo del camino que llevaba hasta Aniago. Uno por la mañana y otro por la tarde.


Edificios en ruinas de Aniago
Palomar en Aniago

Según nos cuenta Ángeles, los llamados “mazariegos” eran los dueños de todas las casas. A pesar de no vivir allí, tenían una propiedad donde iban a pasar los veranos, a la que llamaban “Casa Grande”. El resto de las familias vivían en pequeñas casas colindantes, que lejos de ser lujosas, no cumplían con los servicios básicos.


“Aniago no tenía ni Ayuntamiento, ni escuela, ni centro sanitario. Tampoco una iglesia donde poder asistir al culto” recordaba Ángeles.  Para todo ello, tenían que desplazarse hasta Villanueva de Duero. “Recuerda que eran otros tiempos. Por aquel entonces, los hijos de los obreros teníamos la vida más complicada. Incluso para poder acudir a la escuela“. Cada día, los chavales de Aniago cruzaban el rio por un atajo que ellos mismos descubrieron, para poder ir hasta la escuela de Villanueva de Duero, el pueblo más cercano.


“La mayoría de las familias, dependían del salario del hombre, quienes se dedicaban a la agricultura”. Y mientras tanto, las mujeres se dedicaban a las tareas de la casa “acudíamos a una acequia que bordeaba la finca y desde ahí se podía ver los ricos frutales que crecían” remataba Ángeles.


Dice Ángeles que hay veces en la vida, que es mejor no recordar momentos que ya pasaron. Pero que sea lo mejor, no es que sea lo que necesitamos. Y muchas otras veces, la vida te recuerda que necesitas echar la vista atrás. Está claro que detrás de cada lugar abandonado, hay una historia que explica su condición. Pero mientras esas historias permanezcan en la memoria de la gente que los habitó, seguiremos conservando algo único e imborrable.


Interior de la cartuja de Aniago
Interior de la iglesia de la cartuja

La única cartuja de la provincia de Valladolid


Fundado por Juan Vázquez de Cepeda, obispo de Segovia que la dejó a disposición y bajo el patronato de la reina María de Aragón, esposa de Juan II de Castilla, el cenobio fue ocupado por los Cartujos en el año 1441.


Su singularidad nace por ser la única construcción de esta orden religiosa en Valladolid, y por haber sido una de las cartujas más pobres de España. Sus dependencias, que llegaron a ser visitadas por reyes y emperadores, conserva a duras penas su humilde estructura original, destacando su iglesia, de estilo gótico, donde todavía se conserva parte de la decoración en yeserías, y su espadaña, único faro que indica a lo lejos su ubicación. También se conserva parte de su claustro de planta cuadrada, así como algunas de las estancias de los monjes.


Restos del claustro de la cartuja de Aniago
Restos del claustro de la cartuja de Aniago

La Desamortización de Mendizábal significó el inicio de su final, y parte de sus bienes muebles fueron a parar a la parroquia de Villanueva de Duero. Su terreno pasó a ser un finca agrícola particular hasta nuestro días, donde las ruinas del monasterio yacen valladas en casi todo su perímetro.


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¿Por qué debes conocer las ruinas de Aniago?


El hecho de que pocos vecinos habitaran sus tierras, no ha facilitado el futuro de la cartuja, desconocida, desapercibida y algo inhóspita. Una sucesión de infortunios que ha desembocado en su ruina absoluta y en engrosar la amarga Lista Roja del Patrimonio de Hispania Nostra.


Sin techumbre e invadida por la vegetación, la cartuja sigue resistiendo a duras penas. Peligra su hundimiento total, algo que no se puede permitir en nuestros días. Por eso debes difundir su historia. Mientras, Aniago espera en silencio.


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Las fotos del artículo fueron realizadas en el año 2013. No es de extrañar que su estado actual sea aún peor.

Cómo llegar a Aniago