• Pilar Martínez

Si llegas a Pedrajas de San Esteban, pregunta por el “piñero”

Cuando tus pasos te llevan hasta un pueblo, puedes caer en la fácil inercia de buscar su iglesia, su plaza mayor o una fuente manando agua de manantial, pero muchas veces sus singularidades están más allá de sus calles, están en esa tierra que los rodea y que determina sus modos de vida, sus recursos, pero sobre todo los oficios que vienen a demostrar la capacidad del hombre de vivir en una admirable simbiosis con lo que la tierra ofrece.


El piñero
El piñero. Ilustración de Caricaturas Villalba

Decidida a encontrar esa otra perspectiva que ofrecen los pueblos, llegué hasta Pedrajas de San Esteban, un pueblo de la provincia de Valladolid cuya singularidad reside precisamente en lo que le rodea, extensos pinares de pino albar, más conocido como “pino piñonero” , que ha dado a esta comarca una distinción importante a partir de su capacidad y habilidad para sacar provecho al árbol, no sólo por su madera sino también por las piñas y su codiciado fruto blanco, el piñón.


Ermita de Sacedón de Pedrajas de San Esteban
Ermita de Sacedón de Pedrajas de San Esteban

La ermita de la Virgen de Sacedón, epicentro del piñero


A unos 4 kilómetros del casco urbano, tomando la carretera comarcal CL 602 en dirección a Olmedo, encuentras enseguida un desvío que te lleva a la ermita de la Virgen de Sacedón, un camino forestal asfaltado y muy bien trazado que invita al senderismo y al cicloturismo mientras la vista busca encontrar un claro entre toda la vegetación pinariega que se abre ante ti (cómo llegar a la ermita).



Finalmente llegas a la ermita, una construcción sencilla pero muy bien cuidada en un paraje abierto a orillas del rio Eresma y rodeado de altos pinos albares que parecen tocar el cielo con sus copas. Y fue precisamente en sus copas donde encontré aquello que sabía guardaban como un secreto a voces.


Había leído que muy cerca de allí había un pino con una escultura muy curiosa que rendía homenaje a un oficio muy vinculado a esos pinares. Movida por esa particularidad, fui decidida a encontrarla.

Bien hubiera podido encontrar más tarde o más temprano la escultura preguntando a cualquier otra persona que estuviera por allí, pero a veces la casualidad pone en bandeja de plata la cosas y sin pretenderlo fui a preguntar al autor de la obra que, también de forma casual, ese día había venido al pueblo para pasear al perro por ese paraje tan especial.


Una coincidencia que no solo me permitió llegar muy bien guiada hasta el árbol, sino también conocer de primera mano todo lo que esa curiosa escultura tenía que contarme, unos matices que solo a través de la sensibilidad de su autor pueden apreciarse y que sin duda merecen ser conocidos.


Escultura al piñero en Pedrajas de San Esteban
Escultura al piñero en Pedrajas de San Esteban

Homenaje al “ Piñero”, una escultura mimetizada con el pino


Juan José Calvo Medina, nacido en Pedrajas de San Esteban aunque actualmente no reside en el pueblo, hizo esta escultura a “ El Piñero”, en el año 2002 como reza en una placa al pie del pino, “Decir piñero , es decir historia de un pueblo".


La escultura de metal es curiosa porque parece mimetizarse en el tronco como si fuera una protuberancia del pino vista desde cierta distancia, o incluso un animalillo, tipo ardilla trepando por él. Sin embargo al elevar la mirada desde el pie del tronco , los detalles empiezan a matizarse y a contar lo que pretendidamente el autor quiere representar: un hombre ágil que ha trepado por el tronco hasta encaramarse con firmeza en una rama, con unas botas a las que incluso se le aprecian unos cordones desatados y con dos varas muy largas como acostumbraban a llevar los piñeros para golpear las piñas en aquella parte de la copa más alta para que cayeran al suelo.


Efectivamente, esa escultura cuenta una historia, cuenta el buen hacer de un oficio para muchos desconocido, un modo de ganarse la vida sacando partido a lo que la tierra ofrece. Como bien me explicó el propio autor, hace esculturas que inviten a pensar a través de la observación de los detalles, como la postura, hacía donde mira, o como en este caso, en las varas largas que el piñero porta mientras se mantiene encaramado con la mirada puesta en la parte alta del árbol.


Podía haber hecho la figura en el suelo, recogiendo las piñas del suelo, sin embargo, prefirió hacer al piñero realizando la actividad más abigarrada y arriesgada para trasmitir la intrepidez y habilidad que llegaban a desarrollar aquellos hombres en este oficio tan arraigado. No en vano, puede bien decirse que Pedrajas de San Esteban durante generaciones ha conservando de manera muy especial y cuidada la tradición de recolectar las piñas y trabajar el piñón, convirtiéndose por méritos propios en el pueblo piñonero por excelencia, no sólo de Castilla y León, sino también de España.


Iglesia de Pedrajas de San Esteban
Iglesia de Pedrajas de San Esteban

Un oficio costumbrista y de tradición oral


Como suele ocurrir en las comarcas y pueblos con oficios que dependen de los recursos naturales que les rodean, hay una gran tradición oral y costumbrista que se ha trasmitido de padres a hijos, con rituales, maneras y costumbres propias.


En Pedrajas de San Esteban, desde el día de San Andrés que es el 30 de noviembre hasta abril, los piñeros comenzaban a agruparse en cuadrillas para bajar las piñas.


Antes de comenzar la faena, alrededor de un fuego que se encendía para calentarse, de pie, con la vara de golpear las piñas en la mano, formaban un corro y rezaban unas oraciones a la Virgen de Sacedón, patrona de Pedrajas de San Esteban y de los piñeros, para que los protegiera en su arriesgada labor. Cuando terminaban de rezar, se santiguaban y cada cual su tarea asignada con su vestimenta de faena, una boina y los pies bien calzados con unas botas con ganchos para facilitar la escalada de los trepadores.


Bosque de pinos de la zona

La tradición oral cuenta que en dichas cuadrillas se establecía una justicia en la que se imponían penas a los piñeros que no cumplieran las normas establecidas o gandulearan, también por blasfemar o por no guardar la debida compostura a la hora de rezar, de tal forma que tenían que pagar la multa de una perra gorda. Cuando se reunía suficiente dinero, se gastaba en comprar vino que bebían todos juntos en buena compañía. De igual modo, por Nochevieja se tenía la tradición de cenar en cuadrilla con el aguinaldo que solía darles el patrón que los había contratado.


El arriesgado trabajo de las "ardillas humanas"


En lo que concierne a este oficio, si nos parece curiosa su tradición oral, lo es aún más su modo de trabajar. Dentro de las cuadrillas de piñeros, había hombres que no subían a los pinos, su tarea era recoger las piñas que iban cayendo y recogiéndolas en cestos para llevarlas a los carros con los burros o más tarde en remolques que luego llevarían a las fábricas para sus diferentes aprovechamientos.


Los piñeros que subían a los pinos, popularmente se les conocía como “ ardillas humanas” por su habilidad de trepar por el tronco y las ramas de los árboles con movimientos que rozaban lo acrobático.


Si se tiene en cuenta que, los piñeros que trepaban a los pinos, tenían que sortear los 14 o 15 metros que podía haber desde el suelo hasta las ramas más altas, es fácil entender la similitud con una ardilla. No obstante la altura de un pino la solían determinar de la siguiente manera: 5 metros de escalera, 6 metros de la vara, 2 metros de hombre y otros 2 o 3 metros de escalada.


La escalera, por tanto, era un elemento importante e imprescindible que permitía subir los primeros metros del tronco, luego se debía continuar la escalada de manera intrépida por el tronco y las ramas más accesibles ayudados por los ganchos que llevaban en las botas y portando además las dos varas que en los últimos años ya eran de aluminio, algo más ligeras que las de madera que se usaban antaño, y en cuya parte final llevaba clavada un gancho curvo llamado media luna o gorguz con lo que enganchaban la rama y vareaban hasta hacer caer la piña. El manejo de estas varas requería también destreza y habilidad para golpear y tirar las piñas más altas al suelo, de ahí que resultase un trabajo no exento de riesgo.


Tiempos pretéritos para un arriesgado oficio


Hoy la figura del piñero queda prácticamente en el recuerdo de nuestros mayores o enclavado como un merecido homenaje en un pino. Tiempos pretéritos para un oficio hoy sustituido, como tantos otros, por la mecanización; la de una máquina que hace vibrar al pino para que suelte su atesorado fruto. Una realidad que no ha hecho desaparecer otra de las profesiones asociadas al pino, como son los resineros o esbrozadores, que como su nombre indica se ocupan de sacar la resina del árbol que emana bajo la corteza, utilizada para pegamentos, impermeabilizadores, iluminación o medicina.


El esbrozador
El esbrozador. Ilustración de Caricaturas Villalba.

Atrás quedan esas ardillas humanas, atrás quedan esos piñeros alrededor de una hoguera recogiendo en sus cestos de mimbre las piñas que iban cayendo. El progreso tiene otro tipo de manos para zarandear los pinos, y si como parece que se pretende demostrar, no daña los arboles, nos seguirán quedando pinares, aunque si los pinos hablarán... quién sabe si no hubieran preferido seguir desafiando al piñero para entregarle su codiciado fruto.


Ilustraciones realizadas en exclusiva para este reportaje por Caricaturas Villalba


Cómo llegar a la ermita de la Virgen de Sacedón