• Eduardo Muñoz

La Revuelta de los Comuneros, un hecho histórico transformado en mito

Es tanto el sentimiento adscrito al día de Villalar, que como cualquier cultura o tradición, cuando el pueblo la hace suya, la transforma con sus emociones, perdiendo en ocasiones el origen o las raíces que la hicieron crecer. Razón esta, de que cada 23 de abril se asocien ciertas ideas sobre la Revuelta de las Comunidades con una forma de pensar más propias de la edad contemporánea.

Y, aunque la emoción de la fiesta regional surge más por un recuerdo de una Castilla grande y orgullosa que, tras la batalla de Villalar “no se ha vuelto a levantar”, no hay que olvidar la realidad de nuestra historia, más basada en hechos que en sentimientos.


Bandera de Castilla en la fiesta de Villalar
Bandera de Castilla en la fiesta de Villalar

Carlos I de España, el rey extranjero que no gustaba a Castilla


Castilla en el siglo XV era un reino en pleno crecimiento, económicamente y territorialmente. Con el matrimonio de Isabel de Castilla y Fernando de Aragón, los dos reinos peninsulares se adhieren en la figura del monarca, algo que no pasará hasta la llegada de Carlos I, nieto de los mismos. Aunque el rey fuera el mismo, los reinos funcionaban de manera totalmente distinta.


Con la muerte de Fernando el Católico el 23 de enero de 1516, el Cardenal Cisneros se hizo con la regencia de ambos reinos, hasta que Carlos, un joven flamenco de 16 años llegara a la península para hacerse cargo de su herencia. El primer desplante del nuevo rey hacia sus súbditos llegó pronto, al proclamarse rey de Castilla en Flandes. Un año después, tras resolver unos problemas en los territorios flamencos, el 8 de septiembre de 1517, la escuadra de Carlos I partió hacia Santander, aunque las inclemencias meteorológicas hicieron que arribara en Tazones, Asturias, unos diez días después.


Lo primero que hizo Carlos fue ir a visitar a su madre, Juana, encerrada en Tordesillas. Tras el encuentro con la reina madre, Carlos continuó su viaje hacia Mojados, donde se reunió con su hermano Fernando. Fue un evento muy esperado por ambas partes, pues los castellanos querían que el rey hubiera sido Fernando, hijo de Juana nacido y crecido en Castilla.


La última etapa de su primer viaje por Castilla finalizó en Valladolid, donde se reunirían las Cortes para jurarlo rey. El 9 de febrero de 1518, las Cortes proclamaron rey a Carlos junto con su madre y le concedieron 600.000 ducados. Al mismo tiempo le exigieron que:

  • Aprendiera a hablar castellano

  • Cesara en el nombramiento de flamencos en las instituciones castellanas.

  • Prohibición de la salida de metales preciosos de Castilla.

  • Mejor trato hacia Juana, la reina madre

Aragón hizo lo suyo el 29 de julio, que juró en Zaragoza a Carlos como rey. Estando en Barcelona, Carlos recibió la noticia de que su abuelo, el emperador Maximiliano, había muerto, su prioridad ahora era el Imperio. Estando en la ciudad condal le anunciaron que había sido elegido emperador. El joven flamenco marchó hacia La Coruña, sin apenas parar en Castilla, y además pidió dinero para su coronación en Aquisgrán.


Esto, unido al incumplimiento constante de los puntos citados anteriormente, hizo que Toledo se alzase contra él, comenzaba así la Revuelta de las Comunidades. La primera ciudad en adherirse a Toledo fue Segovia, cuyos vecinos asesinaron al enviado en Cortes (las de La Coruña) por aceptar las exigencias del monarca. Adriano de Utrech, regente, convocó al Consejo Real y empezó la represión. Juan Padilla, se convirtió en líder de la sublevación, quien se dirigió a Segovia, para liberarla del asedio al que estaba sometida. En ese momento, León, Ávila, Salamanca, Madrid y Medina del Campo entre las ciudades más destacadas se levantaron contra Carlos. La alta nobleza, que estaba molesta por los nombramientos a los flamencos, no colaboró. Los imperiales al mando de Fonseca, tomaron, saquearon e incendiaron Medina del Campo.


Doña Juana "la loca". Cuadro de Francisco Pradilla. Museo del Prado

Las ciudades se organizaron en una junta de gobierno, la Santa Junta. En 1520, el momento de mayor apogeo comunero, los sublevados tomaron Tordesillas. Su intención es que Juana tomase las riendas del reino y como legítima heredera y reina ejerciera su función. Aunque mostró simpatía por el movimiento, Juana quería más a su hijo que a Castilla. Fue en este momento, cuando los Grandes de Castilla reaccionaron, ya que muchos estaban sufriendo ataques, poniéndose así del lado de la corona, temiendo que ante una pasividad, sus puestos fueran ocupados por flamencos. Carlos, nombró a Fadrique Enríquez Almirante de Castilla y Condestable a Íñigo de Velasco. Con este golpe de efecto, los realistas recuperaron Tordesillas en octubre de 1520.


Las tropas de Carlos sentenciaron la revuelta en Villalar el 23 de abril de 1521, donde Juan Bravo, Juan Padilla y Francisco Maldonado, fueron ajusticiados. Aunque María Pacheco resistió en Toledo hasta 1522, cuando consiguió huir escondida hacia Portugal. Finalizaba así la Revuelta de las Comunidades.


Líderes de los Comuneros
Líderes de los Comuneros

El significado real del movimiento comunero


La Revuelta de las Comunidades es vista por muchos como una rebelión liberal propia del siglo XIX, pero no es así. Todo se puede resumir en que los comuneros, lo que exigían, era que el joven Carlos cumpliera lo acordado en las Cortes de Valladolid donde fue jurado rey.


Exigencias que, desde el primer momento, Carlos incumplió sistemáticamente, provocando que se alzasen contra él, pero contra él como persona, no contra la corona. Aquí encontramos el factor de que los comuneros no querían república, como muchos interpretan, pues querían que Juana reinara, aunque pronto se dieron cuenta de que era inestable, por eso se la ofrecieron a Fernando, el hermano de Carlos. Lo que ellos querían era que el rey de Castilla, estuviera en Castilla. Se desmonta así esa idealización de este hecho histórico, que tanta importancia sigue teniendo aún 500 años después.