• Daniel González

La iglesia de Fresno el Viejo donde románico se convirtió en mudéjar

Era uno de esos sábados primaverales donde el campo castellano demuestra todo su potencial de color y viveza. Día soleado, temperatura perfecta y en Fresno el Viejo, un pueblo vallisoletano limítrofe con Salamanca y Ávila, se celebraba un 7 de mayo una concentración de Águedas de varios municipios del sur de la provincia. Águedas en mayo sí, porque en febrero, cuando toca, no se pudo por un brote de Covid-19.


Dulzaina, bailes y trajes regionales aportaban su melodía castiza para acompañar a las aguederas en un día señalado para reivindicar el importante papel de la mujer en el medio rural. Y entre tanto brillo, color y música, se encontraba silenciosa pero imponente la iglesia de San Juan Bautista, un templo que desprende arte por sus cuatro costados.


Iglesia de San Juan Bautista de Fresno el Viejo
Iglesia de San Juan Bautista de Fresno el Viejo

Se comenzó a construir en el siglo XII en un ambicioso proyecto románico de piedra, pero por motivos que se desconocen, en el siglo XIII, se cambió este material por el ladrillo convirtiéndose en un templo mudéjar. Puede que fuera la dificultad de encontrar piedra en un entorno natural carente de ella lo que provocó esta combinación de materiales y estilos.


Románico en Valladolid
Cabecera de la iglesia de San Juan Bautista de Fresno el Viejo

Una singularidad que más que quitar, añade atractivo al templo, siendo uno de los mejores exponentes de cómo se llevó a cabo la transición del románico al mudéjar. En el exterior de su cabecera es donde mejor se aprecia esta degradación material, con tres ábsides semicirculares en cuya parte inferior se observan unos buenos sillares románicos que se transforman más arriba en ladrillo.


Transición románico a mudéjar
Iglesia de San Juan Bautista de Fresno el Viejo. Fachada mudéjar

El resto del edificio, de planta basilical, fue construido en mudéjar con una decoración exterior de todos sus muros a partir de arcos y rectángulos enladrillados. Desmesurada ornamentación que, sin duda, sorprende y obliga a rodear todo su contorno para apreciar esos detalles que lo hacen especial.



Y al igual que por fuera, en el interior también se aprecia esta transición artística. En la cabecera se pueden distinguir numerosos capiteles románicos de muy buena calidad y conservación. En uno de ellos se representa a la impulsora del templo, la Reina Doña Urraca, y a sus dos hijos, Doña Sancha y Don Alfonso, en el momento de la donación de la aldea de Fresno a la Orden Hospitalaria de San Juan. Además, en su última restauración se descubrieron unas pinturas y frescos de finales del románico y principios del gótico que se escondían tras un retablo del siglo XVIII.

Románico-mudéjar en Valladolid
Iglesia de San Juan Bautista de Fresno el Viejo

El valor añadido de las anécdotas


Las joyas no solo se miden por el valor de su piedra, también por el valor de su historia y de los sentimientos que despiertan. Y Fresno el Viejo con sus cerca de 1000 habitantes y este increíble monumento al arte es el mejor exponente de ello.


Porque cuando viajamos a estos pequeños pueblos rodeados de campo, no debemos quedarnos solo con la fachada, debemos también respirar sus anécdotas. Como la observadora vecina que vive cerca de la iglesia, y que al verte fotografiarla, te cuenta aquellos detalles e historias que en un vistazo superficial pueden pasar desapercibidos. O la excepcionalidad de unas Águedas que, ataviadas en mayo con trajes tradicionales, rodean de ecos costumbristas unos muros milenarios.

Eso es lo que emociona. Habitual silencio convertido en fiesta, vecinos orgullosos de lo que construyeron sus antepasados. Historias que hacen alma y que convierten a Fresno el Viejo en especial dentro de la engañosa monotonía rural.